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Año nuevo, propósito nuevo

A menudo nos escudamos en compromisos con otros o en falta de tiempo, y vamos dejando pasar los años sin ser dueños de nuestra propia vida. Debemos intentar hacer lo que deseamos.

Integrar cambios en nuestros hábitos de vida no depende del azar, sino de nuestra voluntad. Depende, por encima de todo, de que nos lo propongamos seriamente y de que, una vez convencidos de hacerlo, seamos capaces de trazar un buen plan, abordando el proceso con el rigor y el método que precisa para que pueda hacerse realidad y no sea una mera fantasía.

Incorporar nuevas conductas referentes a nuestro estilo de vida supone ser capaces de mirarse por dentro y revisar todos aquellos aspectos que no nos funcionan y que nos generan insatisfacción. Supone ser capaces de reordenar todas las piezas para construir un nuevo guión del que nos sintamos responsables y con el que queramos comprometernos.

“Somos responsables de nuestras propias vidas. Nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones” (Stephen Covey).

Todos tenemos un sueño que nos haría especialmente felices realizar, y que daría un nuevo sentido a nuestras vidas. Identificarlo es fundamental para iniciar el proceso de cambio, pero muchas veces nos es difícil porque nuestros miedos, nuestras dudas y nuestras responsabilidades nos ofuscan y nos impiden hacerlo.

Pero no todos los sueños que seamos capaces de identificar van a servirnos. Porque los sueños han de ser realizables, y esto quiere decir que han de cumplir tres criterios: en primer lugar, que sea una actividad que sepamos hacer bien (es mucho más fácil destacar en algo en lo que tenemos una especial habilidad, que adquirir una mínima competencia en algo que no sabemos hacer); en segundo lugar, que podamos disfrutar durante el proceso de actividad y en tercer lugar, que sea algo que nos haga felices (hacer lo que a uno le gusta es la mejor garantía para ser constante).

Para perseguir nuestro sueño necesitamos reorganizar nuestro tiempo. A menudo nos decimos a nosotros mismos que no tenemos tiempo para hacer muchas de las cosas que nos interesan, pero en realidad lo que sucede es que lo utilizamos equivocadamente. Debemos replantearnos el uso que hacemos de nuestro tiempo. Y esto significa dar prioridad a todas aquellas cosas que contribuyen a que nuestro sueño pueda hacerse realidad. Moverse por prioridades es el secreto del dominio del tiempo.

Debemos dejar de perder el tiempo en tareas inútiles y en compromisos sin sentido. Pero sólo lo conseguiremos si aprendemos a decir no a todo aquello que no contribuya a nuestro proyecto vital. Nos cuesta mucho decir no, porque queremos quedar bien con todos y no decepcionar a nadie. Pero pagamos un precio muy alto por ello, y es no poder hacer lo que verdaderamente queremos hacer. Sin darnos cuenta, renunciamos a nuestros proyectos en beneficio de tareas y compromisos que no nos interesan.

Buscamos la felicidad en lugares equivocados” (John Powell).

Debemos revisar qué necesitamos para nuestro proyecto. Es bueno que hagamos el viaje con el equipaje imprescindible y nos deshagamos de todo lo que no necesitamos. Nos ahorraremos preocupaciones, simplificaremos nuestra vida y así seremos capaces de buscar la felicidad donde realmente debemos buscarla.


¿Y tu qué opinas?